Arte operacional: cuando hacer es también planificar

Hay dos formas de entender el arte. La primera lo concibe como expresión: la obra es el territorio donde el artista vierte su interioridad, y lo que importa es la autenticidad de ese gesto. La segunda lo concibe como operación: la obra es una acción sobre el mundo con un efecto esperado, y lo que importa es la coherencia entre la intención, los medios y el resultado.

Estas dos formas no son incompatibles. Pero en la práctica del ecosistema graficoestético, la segunda —el arte operacional— es la que permite analizar y diseñar modos de relación con precisión.

El arte operacional no reduce la práctica artística a un plan de empresa. Lo que hace es reconocer que cualquier acción artística con propósito —cualquier acción que se dirija a transformar algo en el mundo— implica una arquitectura: una visión de hacia dónde se va, una selección de medios para llegar, una secuencia de acciones concretas y un modo de evaluar si algo ha ocurrido. Esa arquitectura existe aunque no sea consciente. El arte operacional la hace consciente.

La arquitectura tiene tres niveles que se necesitan mutuamente.

El nivel estratégico define el horizonte: para qué existe este taller, qué tipo de presencia quiere tener en el mundo, desde qué principios actúa. No es un objetivo SMART ni un plan de negocio. Es una orientación fundamental que da sentido a todo lo que ocurre debajo.

El nivel de los espacios de mediación define el tono: cómo se tiñe la acción en su totalidad, con qué orientación se modula lo que se hace. ¿Estamos reflejando algo que ya existe? ¿Construyendo algo nuevo? ¿Cuestionando una percepción instalada? ¿Buscando una transformación profunda? Este nivel no describe qué se hace sino desde dónde se hace.

El nivel táctico define el gesto concreto: qué acción específica, con qué herramienta, en qué momento, dirigida a qué necesidad. Las tácticas son el lugar donde el arte operacional toca el suelo.

Lo que hace poderosa esta arquitectura es que los niveles se condicionan entre sí sin determinarse mecánicamente. Una misma táctica puede servir a estrategias distintas. Una misma estrategia puede ejecutarse a través de espacios de mediación diferentes. La riqueza del arte operacional no está en la rigidez de la jerarquía sino en la claridad sobre en qué nivel se está tomando una decisión y cuáles son sus consecuencias en los otros.

Un taller que solo piensa tácticamente —qué hacemos este mes, cómo resolvemos este problema— pierde de vista la orientación que da sentido a las tácticas. Un taller que solo piensa estratégicamente —qué somos, para qué existimos— nunca llega a materializar nada. El arte operacional es el intento de mantener los tres niveles en conversación simultánea.

Para reflexionar: ¿En qué nivel toma la mayoría de sus decisiones tu taller — estratégico, de mediación o táctico? ¿Qué nivel lleva más tiempo sin revisarse?