La forma y el bastidor: tipos, construcción y cuidado

La herramienta que firma cada hoja

La forma es el instrumento que hace posible el papel de tina. No es un accesorio: es la herramienta que define el formato de la hoja, su textura, su marca de agua y su carácter superficial. Cada vez que sacas una hoja, la forma deja su impronta en ella. Y sin embargo, en la mayoría de los talleres artesanales, la forma se usa sin conocerla del todo.

Esta cápsula describe qué es una forma, cómo se clasifica, cómo se construye y cómo se mantiene. Conocer la herramienta es la condición para entender por qué el papel sale como sale —y para poder cambiarlo cuando no es lo que buscas.

Dos tradiciones, dos tipos de forma

La historia de la papelería artesanal ha producido dos sistemas distintos de forma, con lógicas mecánicas y resultados estéticos completamente diferentes.

La forma occidental: marco fijo con malla cosida

En la tradición occidental, la forma es un marco rígido —generalmente de madera— con una malla tensada y fijada permanentemente. La malla define la textura de la hoja y, si lleva filigrana cosida, la marca de agua.

Papel verjurado (laid paper). La malla está formada por dos capas de alambres: los puntizones (alambres finos paralelos, separados entre sí unos 2–3 mm, dispuestos en la dirección transversal del marco) y los corondeles (alambres más gruesos en la dirección longitudinal, separados entre 3 y 4 cm, que sostienen y estructuran los puntizones). A contraluz, el papel verjurado muestra un patrón de líneas finas muy juntas cruzadas por líneas más espaciadas y gruesas. Es la textura del papel histórico europeo desde el siglo XIII y la que hace posible las filigranas cosidas.

Papel vitela (wove paper). La malla es un tejido uniforme de alambres cruzados, como una tela metálica. No hay puntizones ni corondeles diferenciados: la textura es homogénea en todas las direcciones. A contraluz, el papel vitela no muestra patrón de líneas. Fue desarrollado hacia 1755 por James Whatman el Viejo, en Kent (Inglaterra), en colaboración con el impresor John Baskerville, que necesitaba una superficie más lisa para sus nuevos tipos de letra. El papel vitela hizo su primera aparición pública en la edición de las obras de Virgilio que Baskerville publicó en 1757. Hoy es el tipo de malla más habitual en talleres artesanales contemporáneos.

La elección entre verjurado y vitela no es solo estética: define el aspecto a contraluz, el comportamiento del drenaje y la textura superficial del papel resultante. Los papeles verjurados drenan más rápido por los canales entre corondeles; los vitela tienen un drenaje más uniforme.

La forma japonesa: malla extraíble sobre marco articulado

En la tradición japonesa, la forma tiene dos componentes separados: el su (la malla flexible, extraíble) y el keta (el marco articulado que la sostiene durante el formado). El su se fabrica con tiras de bambú o junco entretejidas con hilo de seda o nylon. Puede retirarse del keta y depositarse directamente sobre la hoja anterior —el sistema de apilado sin fieltro característico del nagashizuki.

Esta separación entre malla y marco tiene consecuencias técnicas directas: la malla puede sustituirse sin desmontar el marco, el sistema permite el formado en movimiento con agitación en múltiples direcciones, y la ausencia de fieltro produce papeles con ambas caras igualmente lisas. Para el taller que trabaja con fibras largas —kozo, abacá— el su japonés no es solo una curiosidad: es la herramienta que permite un formado compatible con fibras que en malla metálica producen resultados irregulares.


Materiales de la malla: metálica vs. sintética

Malla metálica (bronce, latón, acero inoxidable). Es el material histórico y sigue siendo el estándar en talleres de referencia. Sus ventajas: durabilidad, planitud perfecta y resistencia al tensado. Sus limitaciones: peso (las formas grandes son más difíciles de manejar) y coste de fabricación. El bronce y el latón son los más usados históricamente; el acero inoxidable, el más resistente a la corrosión en pulpas alcalinas.

Malla sintética (poliéster, nylon). Es la opción más accesible para talleres contemporáneos. Ligera, resistente a la corrosión, disponible en distintas tramas y fácil de tensar. Su limitación principal es la tendencia a destensarse con el uso: una malla sintética mal fijada o con zonas flojas produce hojas con variaciones de gramaje. Para producciones largas o con exigencias de uniformidad alta, la malla metálica sigue siendo superior.


Construcción básica: cómo hacer una forma sencilla

Para un taller que empieza, construir una forma funcional es perfectamente viable con materiales accesibles.

El marco. Madera dura (roble, haya, cerezo) de sección rectangular, con juntas en inglete o a media madera reforzadas con cola impermeable y tornillos. Las dimensiones interiores del marco son el formato de papel que vas a producir. El grosor de la madera debe ser suficiente para resistir el tensado sin combarse: para formatos hasta A4, 20 × 20 mm es suficiente; para formatos mayores, 25 × 30 mm o más.

Impermeabilización. Antes de tensar la malla, trata la madera con aceite de linaza o barniz de poliuretano impermeable. Sin este tratamiento, la madera absorbe agua, se hincha, se alabea y se pudre con el uso continuado en tina. Es el paso que más se omite y el que más formas destruye a medio plazo.

El tensado de la malla. La malla se corta ligeramente mayor que el marco (unos 3 cm por lado). Se fija por un lado con grapas o tachuelas, se tensa firmemente —sin arrugas ni zonas flojas— y se fija por el lado opuesto. La tensión correcta produce un sonido grave pero definido al golpear con el dedo: ni flácida (sonido sordo) ni excesiva (riesgo de rotura). Los lados cortos se fijan al final, asegurando que la malla quede uniforme en todas las direcciones.

El sellado de los bordes. Los bordes donde la malla se une al marco deben sellarse con silicona o cinta impermeable para evitar que la pasta se cuele entre la malla y la madera. Esa pasta acumulada es difícil de limpiar y produce irregularidades en el borde de la hoja.


Mantenimiento y cuidado

Una forma bien mantenida puede durar décadas. Descuidada, se deteriora en meses.

Limpieza después de cada sesión. La pasta que queda seca en la malla obstruye el drenaje y produce zonas de formado irregular. Lavar la forma bajo agua corriente suavemente, con un pincel blando si hay restos adheridos. Nunca cepillos duros ni esponjas abrasivas: pueden deformar los alambres o romper los hilos de costura de las filigranas.

Secado correcto. La forma debe secarse plana, en horizontal, nunca apoyada en vertical sobre un borde: el peso propio de la malla húmeda puede deformarla.

Revisión periódica de la tensión. Con el uso, la malla sintética puede destensarse. Una zona floja produce hojas más gruesas en esa área. Revisar la tensión periódicamente y retesar si es necesario antes de que el problema afecte a la producción.

Revisión de la costura de filigranas. Los hilos de latón que fijan la filigrana a la malla pueden soltarse en los extremos. Un extremo suelto levanta el diseño de la malla y produce una variación de gramaje no intencionada. Revisar con lupa después de cada sesión larga y recoser los puntos sueltos antes de que el alambre se desplace.

Almacenamiento. Plano, en horizontal, en un lugar seco. Las formas no deben apilarse directamente unas sobre otras sin protección: la malla inferior puede deformarse bajo el peso. Un tablero separador entre cada forma es suficiente.

La forma no es una herramienta neutra. Es la herramienta que decide la textura, el formato y la marca del papel. Conocerla es conocer el papel que produces.


Para reflexionar

¿Sabes qué tipo de malla tiene tu forma? ¿Es verjurada o vitela? ¿Metálica o sintética? Si no lo sabes, sostenla frente a la luz y observa el patrón.

¿Has notado alguna vez variaciones de gramaje sistemáticas en tus hojas —una zona siempre más gruesa o más fina— que no puedas atribuir al formado? ¿Has comprobado si la malla está uniformemente tensada?

Si pudieras construir una forma adaptada exactamente al formato y la textura que necesita tu próxima edición, ¿qué dimensiones y qué tipo de malla elegiría ese papel?


Esta cápsula conecta con «La filigrana: diseño, construcción y física del papel que se ve a contraluz», «Dos tradiciones, una decisión: fibra, batido y formación», «La formación: el gesto del formado en detalle» y el Glosario de materiales y procedimientos del repositorio de Bajo Presión.

El abacá y la decisión del batido

El abacá es una de las fibras más valoradas en la papelería artesanal por su longitud y resistencia. Pero esa resistencia tiene un precio: el batido es exigente y las decisiones de tiempo e intensidad cambian completamente el resultado.

El agua en la tina: pH, dureza y temperatura

El agua no es solo el medio donde flota la pulpa. Su química condiciona la formación, el enlace de las fibras y la permanencia del papel. Aprender a leerla es aprender a trabajar con ella.

Kozo, gampi y mitsumata: las tres fibras del washi

El washi no es un papel: es una familia. Sus tres fibras fundacionales —kozo, gampi y mitsumata— tienen propiedades, comportamientos y usos distintos. Conocerlas es entrar en la lógica de una tradición milenaria.

El papel lokta: química, proceso y permanencia en altura

Fabricado en los Himalayas con la corteza del arbusto lokta, este papel combina resistencia excepcional con una textura que ninguna máquina puede imitar. Su permanencia lo ha convertido en soporte de archivos sagrados durante siglos.

¿Qué pasa cuando la imagen ya no va sobre el papel?

En la formación de imagen con pulpas coloreadas, la imagen no va sobre el papel: es el papel. Esta cápsula explora qué se reorganiza en el ecosistema del taller cuando desaparece la frontera entre soporte e imagen.

La paleta de fibras

Algodón, abacá, lino, kozo: cada fibra interpreta el mismo pigmento de forma distinta. En la formación de imagen, la elección de la fibra es la primera decisión estética.

El color retenido

En la formación de imagen, el practicante fabrica su color desde el pigmento seco. La cadena de preparación — propilenglicol, retención, batidora, neri — es ya parte constitutiva del trabajo.

El color que no está en la superficie

Un pigmento retenido dentro de la fibra no se comporta como un pigmento depositado sobre una superficie. Tres diferencias — óptica, temporal y operativa — separan el color retenido del color aplicado.

Un mineral, cuatro funciones

El alumbre de roca cumple cuatro funciones en la formación de imagen: mordiente, refuerzo de retención, dispersante y encolante interno. Su uso exige una precaución específica.

Los gestos del depósito

Seis procedimientos aditivos — vertido, pincel, stencil, pulverizado, salpicado, chine collé — producen marcas radicalmente distintas con la misma pulpa. El gesto condiciona el material y el material condiciona el gesto.

La pulpa proyectada

La pistola de patrón impone una restricción que ningún otro gesto exige: la longitud máxima de la fibra. Solo las fibras cortadas en pila holandesa atraviesan la boquilla.

La mesa de vacío

La mesa de vacío cambia la dirección de la extracción de agua: de lateral a perpendicular. Esa diferencia transforma las posibilidades de trabajo con capas, la escultura en pulpa y la formación de imagen invertida.

Construir sin matriz

En la formación de imagen no hay plancha que guardar ni pantalla que recuperar. Cada hoja es una emergencia — algo que surge del sistema y no estaba contenido en ninguna de sus partes.

Trabajar en húmedo

Trabajar sobre una superficie saturada de agua significa introducir un sistema húmedo dentro de otro. La imagen se hace con el agua, con la gravedad, con la contracción de las fibras.

Construir al revés

El lavado por presión y la mesa de vacío invierten la lógica del depósito: el practicante trabaja sin ver el resultado hasta que el proceso termina. La disposición cambia de reacción a anticipación.

El juicio que no tiene protocolo: cómo diseñar para que el saber tácito circule

Hay cosas que el repertorio técnico no puede documentar: el juicio encarnado, la inteligencia del gesto, el saber que guía la mano antes de que la cabeza lo procese. Ese saber no se enseña con instrucciones. Se aprende estando, viendo, errando junto a alguien que ya lo tiene. Y si no se transmite a tiempo, muere con quien lo tiene.

El relevo: cómo se hereda lo que no se puede escribir

Cristian Walter lleva décadas en el oficio y hace años formuló la pregunta que esta cápsula desarrolla: ¿a quién se lo dejamos? No hablaba de herramientas. Hablaba del juicio encarnado que no puede documentarse. El relevo no es una transmisión: es una transformación mutua. El oficio que llega al que aprende no es idéntico al que tenía el maestro. Es lo que emergió del encuentro entre los dos.