El aguisamiento: construir y dar forma con cuidado

Hay una palabra que el castellano perdió por el camino y que merece recuperar. La usó el Cantar de Mio Cid: «iba en su aguisamiento». Vestido y dispuesto de determinada manera. Preparado, en orden, listo para actuar con intención.

La raíz es germánica: construir y dar forma con cuidado. De ahí viene también guisar, y de ahí desaguisado: lo que se ha hecho sin cuidado, sin la atención que la cosa requería.

El aguisamiento es la práctica deliberada de esa atención. Y es el concepto que articula todo lo demás.

Más allá de la técnica

En el imaginario colectivo, aprender un oficio artístico significa aprender técnicas. Y las técnicas importan. Pero la mera enseñanza de técnicas resulta insuficiente porque no aborda la crisis más profunda: la que Hartmann llamó ceguera para el valor.

Un artista puede dominar perfectamente la serigrafía o el aguafuerte y ser, al mismo tiempo, completamente incapaz de discernir qué merece la pena hacer con esas herramientas, por qué, para quién, con qué intención. La técnica sin aguisamiento es destreza sin sentido.

El aguisamiento nombra algo distinto: la calidad de la relación con el proceso. No solo el qué se hace, sino el cómo se habita el hacer. La atención que se trae al gesto, la intención que precede a la acción, la conciencia de que cada decisión técnica es también una decisión estética y ética.

La gramática del taller

Para analizar cómo funciona el aguisamiento dentro de un taller, la gramática del aguisamiento propone una herramienta analítica: examinar el taller como se examina una proposición gramatical.

Los sustantivos son los ingredientes: el taller, los artistas, las técnicas, las obras, el espacio, la comunidad. Todo lo que existe y tiene nombre.

Los adjetivos son las cualidades modales: ¿este proceso es necesario o contingente? ¿posible o imposible? ¿efectivo o inefectivo? Seis preguntas de la lógica modal para saber qué sentido tiene lo que hay.

Los verbos son lo que el taller hace: editar, formar, grabar, exponer. La parte disposicional, lo posible. Los adverbios son los modos de relación: épico, cómico, lírico, trágico. El cómo se realizan las acciones.

Las preposiciones son los puntos de partida y el contexto: desde dónde, con qué, contra qué, en qué marco. Y los determinantes son la especificidad: no es lo mismo un taller que el taller. No es lo mismo una diseñadora que la diseñadora de este taller, en este barrio, con esta historia.

El arte operacional de los verbos: la práctica consciente y estratégica de la acción dentro del taller. El cómo se hace algo es tan importante como el qué se hace.

El ecosistema graficoestético

El aguisamiento no ocurre en el vacío. Ocurre dentro de lo que podemos llamar ecosistema graficoestético: la forma en que un taller de edición de arte funciona como un sistema vivo. Cuando se juntan personas, maquinaria, espacio e ideas, se compone un ente con sensibilidad propia, con lógicas internas, con procesos de transformación que ninguno de sus elementos podría producir por separado.

Los talleres que mejor funcionan no se recuerdan por haber tenido mucho orden. Se recuerdan por haber generado nuevos modos de hacer. Por haber sido el lugar donde el aguisamiento de cada persona encontró el aguisamiento de las demás y algo nuevo emergió de ese encuentro.

Para reflexionar: ¿Puedes distinguir en tu práctica entre los momentos en los que estás ejecutando una técnica y los momentos en los que estás realmente aguisando? ¿Qué diferencia notas en el resultado?

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