El papel con inclusiones: materia integrada durante la formación

Lo que entra en la tina decide lo que se ve a contraluz

Hay un momento en el proceso de fabricación en que el papel puede dejar de ser solo soporte y convertirse en objeto. No después de seco, no con intervención posterior: durante la formación, mientras la pasta todavía está en suspensión y la hoja todavía no existe. Ese momento es el de los encapsulados: todo material que se incorpora a la hoja durante el formado y queda integrado en su estructura fibrosa.

Flores prensadas. Hierbas. Fragmentos de tela. Hilos de color. Semillas. Papeles de color desintegrados. Cada uno se comporta de forma distinta en la tina, produce un resultado distinto en la hoja seca y plantea decisiones técnicas que no aparecen en la fabricación de papel liso.

Qué es un encapsulado y qué no lo es

Un encapsulado es un material que queda físicamente atrapado en la red de fibras durante la formación. No es una intervención posterior —no es una impresión, no es un collage, no es un pegado—: es parte de la hoja desde su origen.

Para que un encapsulado funcione, necesita dos condiciones: que su tamaño y peso sean compatibles con el drenaje de la forma, y que su estructura permita que las fibras de la pasta se anclen a él o lo rodeen durante el secado. Materiales demasiado pesados o demasiado impermeables se depositan en el fondo de la tina antes del formado o se desprenden de la hoja al secar.

La distinción importa porque define el proceso: un encapsulado no se añade sobre la hoja ya formada. Se introduce en la tina, se distribuye en la pasta o se deposita sobre la malla durante el formado, y la red de fibras lo captura al drenar.

El encapsulado no decora el papel. Es parte del papel. Esa diferencia define todo lo que viene después.


Tipos de encapsulados y cómo se trabajan

Flores y hierbas prensadas. Son los encapsulados más habituales en talleres de edición artística. La clave técnica es el grosor y la flexibilidad: flores y hojas previamente prensadas y secadas, de grosor máximo 1–2 mm en material flexible, se integran bien porque la red de fibras puede cerrarse a su alrededor. Las flores rígidas o quebradizas —aunque sean finas— crean puntos de fractura en la hoja. Los mejores encapsulados son pétalos planos, hojas finas y tallos laminados por prensado prolongado. Se depositan sobre la pasta ya formada en la malla, antes de hacer la puesta, o se introducen directamente en la tina con la pasta para una distribución más aleatoria.

Una advertencia sobre pétalos frescos. Los pétalos frescos no son equivalentes a los prensados: su humedad residual puede promover el desarrollo de hongos durante el secado lento, y sus pigmentos naturales sangran de forma imprevisible al contacto con el agua de la tina, manchando la pasta base de manera no controlada. Para papel de uso editorial o de conservación, los pétalos frescos requieren un secado muy rápido —tablero calefactado o secado forzado— y una valoración previa del comportamiento del pigmento en agua.

Hierbas y fibras vegetales cortas. Lavanda, tomillo, fragmentos de hierba seca. Funcionan bien porque su longitud y peso son compatibles con la suspensión en la tina. Se mezclan directamente con la pasta antes del formado. El resultado es un papel con encapsulados distribuidos de forma irregular, con variación natural entre hojas.

Una advertencia sobre virutas de madera. Las virutas de madera contienen lignina. Integradas en papel de algodón o lino, esa lignina puede migrar con el tiempo hacia las fibras circundantes y producir degradación ácida localizada: manchas marrones, fragilidad y amarillamiento en las zonas de contacto. Para papel de taller o experimentación, puede ser aceptable. Para papel destinado a edición artística o conservación, es un riesgo real que hay que valorar antes de usarlas.

Fragmentos textiles. Hilos, fragmentos de tela, fibras teñidas. Son encapsulados que añaden color localizado y textura. Los hilos muy rígidos o sintéticos no se integran bien: la red de fibras no se ancla a superficies lisas e impermeables. Los hilos naturales —algodón, lino— funcionan bien porque su propia fibrilación superficial permite el anclaje. La lana integra bien en húmedo por sus escamas superficiales, pero bajo presión en la prensa puede fieltrar: las fibras se apelmazan y crean zonas densas y compactas distintas al resto de la hoja. Los fragmentos textiles muy grandes crean puntos de debilidad: mejor fragmentarlos en piezas de menos de 2 cm.

Semillas. Las semillas funcionan como encapsulados de volumen y textura, pero tienen tres particularidades que hay que anticipar: pueden contener aceites que migran hacia las fibras del papel con el tiempo; crean protuberancias duras que interfieren con el prensado uniforme y con la impresión posterior; y si el papel se humedece en conservación o uso, algunas especies pueden germinar. Para papel de edición que va a imprimirse, las semillas son problemáticas. Para papel como objeto en sí mismo, son una decisión estética consciente.

Papeles de color desintegrados. Papel teñido o de color desintegrado en la tina produce vetas y manchas de color integradas en la masa de la hoja. El resultado recuerda al papel marmolado, pero con una lógica completamente distinta: el marmolado es una intervención de superficie; este es una variación en la composición de la pasta, visible en el espesor de la hoja y a contraluz. La concentración del papel de color respecto a la pasta base determina la intensidad del efecto.


Variables técnicas que hay que controlar

Distribución en la tina vs. depósito sobre la malla. Mezclar los encapsulados en la pasta antes del formado produce distribución aleatoria: cada hoja es diferente. Depositar los encapsulados sobre la pasta ya formada en la malla permite un posicionamiento controlado: flores en lugares específicos, composición intencionada. Las dos opciones son válidas y producen resultados estéticos completamente distintos.

Gramaje de la pasta base. Con encapsulados, el gramaje de la pasta base debe ser algo superior al habitual: los encapsulados ocupan volumen pero no aportan cohesión fibrosa. Una pasta demasiado ligera produce hojas frágiles alrededor de los encapsulados. Entre 100 y 140 g/m² de base es un rango seguro para la mayoría de encapsulados de tamaño medio.

Prensado. Los encapsulados gruesos resisten la presión de forma desigual: la zona con encapsulado queda más comprimida o menos según la rigidez del material. Para encapsulados delicados —flores con volumen, semillas— el prensado debe ser más suave que en papel liso, con mayor tiempo de residencia y menor presión máxima.


Para reflexionar

¿Has trabajado con encapsulados de forma intencionada, como decisión de diseño, o simplemente como experimento? ¿Hay diferencia en el resultado?

Si fabricas papel con encapsulados para una edición concreta, ¿cómo afecta el encapsulado a la imprimibilidad de la hoja? ¿Lo has probado antes de hacer la tirada completa?

¿Qué materiales de tu entorno inmediato —taller, jardín, campo cercano— podrían funcionar como encapsulados en tu próxima tanda? ¿Cuáles tienen riesgo de degradación a largo plazo?


Esta cápsula conecta con «Lo que el papel guarda: acabado, marcas e identidad», «La formación: el gesto del formado en detalle» y el Glosario de materiales y procedimientos del repositorio de Bajo Presión.

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