Los espacios de mediación: el tono de la acción
Hay una diferencia entre lo que se hace y cómo se tiñe lo que se hace. Entre la acción y su orientación fundamental.
Los espacios de mediación son esa segunda capa. No describen la estrategia a largo plazo ni la táctica concreta: describen el tono con que ambas se modulan, la pregunta implícita que organiza la acción desde dentro.
Cuando un taller trabaja en el espacio de la mímesis, todo se orienta a reflejar. Observar con atención, registrar con fidelidad, devolver al mundo una imagen de sí mismo que le permita verse. La mímesis no es copia servil: es el acto de dar forma a algo que ya estaba ahí pero que nadie había nombrado todavía. Un archivo gráfico de un barrio en transformación, un fanzine que recoge las voces de quienes no suelen aparecer, un grabado que retrata lo que todos ven pero nadie mira. La pregunta implícita de la mímesis es: ¿qué hay aquí que merece ser visto?
Cuando trabaja en el espacio de la poiesis, todo se orienta a construir lo que no existía. No representar sino inventar, no reflejar sino transformar. La poiesis es el espacio de la innovación técnica, del experimento que no tiene precedente, de la obra que introduce en el mundo algo que el mundo no conocía. La pregunta implícita es: ¿qué forma todavía no existe pero debería existir?
Cuando trabaja en el espacio de la ápate, todo se orienta a cuestionar la percepción. La ilusión productiva, la trampa que hace ver lo que el hábito había vuelto invisible. No engaño en el sentido de falsedad sino extrañamiento en el sentido de Shklovski: la técnica que rompe la automatización perceptiva y devuelve al objeto su rareza. La pregunta implícita es: ¿qué estamos viendo sin ver?
Cuando trabaja en el espacio de la catarsis, todo se orienta a transformar. No solo describir ni construir ni cuestionar: purgar, liberar, producir en quien participa un cambio que no habría podido producirse de otra manera. La catarsis es el espacio de las prácticas que atraviesan el cuerpo y la emoción, que no dejan a nadie igual que como llegó. La pregunta implícita es: ¿qué necesita ser liberado para que algo nuevo pueda ocurrir?
Un taller puede trabajar en varios espacios a la vez. Puede pasar de uno a otro dentro de un mismo proyecto. Lo que importa es reconocer en cuál se está, porque cada espacio requiere condiciones diferentes, produce efectos diferentes y falla de maneras diferentes. Un proyecto de mímesis que se confunde con poiesis produce obra sin arraigo. Uno de catarsis que se confunde con mímesis produce documentación cuando lo que hacía falta era transformación.
Para reflexionar: ¿En qué espacio de mediación está trabajando tu taller en este momento? ¿Lo habéis elegido conscientemente o simplemente ha ocurrido?
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