El agua en la tina: pH, dureza y temperatura

El ingrediente que nadie anota

Cuando describes una receta de papel, anotas la fibra, el gramaje, el tiempo de batido, el tipo de encolado. Rara vez anotas el agua. Y sin embargo el agua ocupa entre el 98 y el 99,5% del volumen de tu tina en el momento de la sacada. Es, con diferencia, el ingrediente más abundante del proceso. Y en muchos talleres es completamente desconocido.

El agua no es neutra. Tiene pH, tiene dureza, tiene temperatura. Esas tres variables afectan a la fibra, al encolado, al drenaje y a la permanencia del papel resultante. Ignorarlas no las elimina: las convierte en ruido no identificado.

pH: la variable de la permanencia

El pH del agua mide su acidez o alcalinidad en una escala de 0 a 14. El valor neutro es 7. Por debajo, ácido; por encima, alcalino.

La fibra celulósica se degrada en medio ácido. No de forma inmediata: el proceso es lento, pero acumulativo e irreversible. Un papel fabricado con agua ácida incorpora esa acidez en su estructura y comienza a degradarse desde el primer día, aunque no lo veas hasta años después. La pérdida de resistencia, el amarillamiento y la fragilidad del papel antiguo son frecuentemente consecuencia de la acidez del agua o del proceso de fabricación, no solo del paso del tiempo.

Para papel de archivo, conservación o edición de artista con vocación de permanencia, el agua de la tina debe tener un pH entre 6,5 y 8. Por debajo de 6, hay que corregir. La corrección más sencilla es añadir pequeñas cantidades de carbonato cálcico o bicarbonato sódico y verificar con tiras de pH o un medidor digital básico (menos de 15 euros en cualquier tienda de acuariofilia o química doméstica).

El agua de red en muchas zonas de España tiene pH entre 7 y 8,5: generalmente correcta. El agua de lluvia recogida directamente puede bajar de 6 en zonas industriales. El agua destilada tiene pH 7 pero carece de minerales tampón y puede acidificarse rápidamente en contacto con la fibra.


Dureza: el enemigo silencioso del encolado

La dureza del agua mide la concentración de iones de calcio y magnesio disueltos. Se expresa en grados de dureza (°dH) o en mg/L de CaCO₃.

En zonas de agua dura —gran parte del interior y sureste peninsular, incluyendo buena parte de Andalucía— la concentración de calcio y magnesio es alta. Esto tiene dos consecuencias directas en el taller papelero.

Primera: el encolado con gelatina o almidón pierde eficacia. Los iones de calcio interfieren con la dispersión del agente de encolado en la fibra, produciendo una distribución irregular. El resultado es papel con zonas más absorbentes y zonas más cerradas de lo previsto: inconsistencia que no tiene solución en el prensado ni en el secado porque se origina en la tina.

Segunda: la acumulación de depósitos calcáreos en la forma y los fieltros altera el drenaje con el tiempo. Una forma con incrustaciones calcáreas drena más lentamente y de forma menos uniforme, produciendo hojas con distribución desigual de fibra.

La solución práctica es trabajar con agua descalcificada o añadir al agua de red un pequeño porcentaje de agua destilada para reducir la dureza. No es necesario llegar a agua blanda: una dureza moderada (entre 5 y 15 °dH) es perfectamente compatible con buen encolado. Por encima de 25 °dH, la corrección es recomendable.


Temperatura: el control del drenaje

La temperatura del agua afecta a la viscosidad de la suspensión de fibra y al tiempo de drenaje de la forma. Agua más fría es más viscosa: la pasta fluye con más resistencia, la forma tarda más en drenar y hay más tiempo para que las fibras se redistribuyan durante la sacada. Agua más cálida drena más rápido y produce hojas con distribución de fibra más uniforme, pero también con menos tiempo para la agitación del shake.

En la práctica, trabajar con agua entre 15 y 22 °C produce resultados consistentes con la mayoría de fibras. Por debajo de 12 °C, el drenaje se vuelve notablemente lento y el control del gramaje se complica. En talleres sin climatización, la temperatura del agua varía entre invierno y verano, lo que explica variaciones de comportamiento en la tina que muchos papeleros artesanales atribuyen erróneamente a la fibra o al batido.

El agua de tu tina no es un fondo neutro. Es una solución con carácter propio que participa en cada hoja que fabricas.


Para reflexionar

¿Sabes el pH del agua de red en tu taller? ¿Y la dureza? Son dos datos que puedes obtener en menos de cinco minutos con las herramientas adecuadas o consultando el informe de calidad del agua de tu municipio.

Si tu encolado produce resultados irregulares sin causa aparente en la técnica, ¿has considerado el agua como variable?

¿Notas diferencias en el comportamiento de tu tina entre invierno y verano? ¿Podrían explicarse en parte por la temperatura del agua?


Esta cápsula conecta con «El encolado en profundidad», «La cocción alcalina» y el Glosario de materiales y procedimientos del repositorio de Bajo Presión.

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