El cuaderno de calibración
El objeto más frágil del taller no es una máquina: es un puñado de números anotados a lápiz que nadie escribió del todo y que no sirven en ningún otro sitio.
El objeto más frágil del taller no es una máquina: es un puñado de números anotados a lápiz que nadie escribió del todo y que no sirven en ningún otro sitio.
La pregunta que mide un taller no es «¿qué tienes?». Un inventario se cuenta; un repertorio —la forma viva de una práctica— solo se ve cuando algo se tuerce.