Esta obra es la expresión de un sentimiento —no de una idea o un discurso— que brota de la comprensión de una realidad vivida, y que se materializa mediante la estampación en relieve de dos planchas talladas a gubia, y grabadas y rascadas con diferentes instrumentos punzantes que rompen la superficie tersa del DM y la cálida textura de la madera de okume.
Estos recursos se completan con la elección de las tintas y el orden en que se imprimen: primero el negro intenso y, sobre él, el ocre anaranjado, cuya superposición crea un color indefinido que se muestra con la calidez y personalidad de la veta de la madera y media en el fuerte contraste entre los dos.
La elección de la xilografía va ligada al carácter de la emoción que se pretende transmitir, y a mi propia manera de abordar el grabado, con medios directos, muy ligados a la relación íntima con los materiales al trabajarlos, estableciendo una complicidad entre el propósito expresivo y las cualidades de los mismos.
La confluencia de los materiales de las planchas, que aportan propiedades diferentes, con el modo de ser trabajadas, los tiempos exigidos, las pruebas necesarias, las tintas empleadas, la presión, y, por fin, el papel, que lo recoge todo y lo muestra tal como se ve, es lo que define la obra en esa materialidad que asume el reto de mover en el espectador el sentimiento que lo origina todo.

