Mi trabajo nace de la naturaleza entendida como un espacio de observación. En ella encuentro una manera de detenerme y de mirar lo cotidiano desde un ángulo distinto. Ramas, flores o tallos se convierten en protagonistas y adquieren una dimensión casi simbólica. Es una mirada inclinada, una forma de acercarme a lo cotidiano desde otro ángulo, sin alterar su fragilidad ni su silencio. Me interesa la intimidad del instante, ese momento en el que lo natural parece detenerse frente a mí y me permite que sea observada.
Trabajo desde el dibujo, la mancha y el color, dejando espacio a lo inesperado. No intento representar la naturaleza tal como es, sino acercarme a ella para descubrir otras posibilidades, otras formas de ver y de sentir. Mirarla de forma inclinada es, para mí, una manera de entrar en comunión con ella.

