INVISIBLE parte de una pregunta: ¿Qué permanece cuando aquello que hemos vivido no puede ser visto, nombrado o contado? La obra se aproxima al abuso infantil desde ese lugar de invisibilidad en el que permanecen el silencio, la vergüenza y aquello que se guarda en el interior. No me interesa representar una herida concreta, sino reflexionar y mirar hacia dentro, atravesar capas y enfrentarse a aquello que permanece escondido. Lo que callamos, lo que escondemos, lo que nos juzga y nos señala. Lo que habita en las entrañas y permanece invisible, pero que, de alguna manera, sigue estando e interviene en la construcción de nuestra identidad.
Desde esta perspectiva, el propio proceso creativo se convierte en un proceso de búsqueda. Investigar la materia es también una forma de investigarme: formular preguntas, búsqueda de materiales y herramientas, ensayo, error y volver a construir. Cada acción modifica la materia. El proceso deja de ser únicamente técnico para convertirse en un recorrido de construcción y reconstrucción de la propia identidad. El papel, las fibras podridas, las capas, ocultan, protegen y contienen. Son memoria, silencio y también identidad. Lo que se esconde no desaparece: permanece, transforma y acaba formando parte de aquello en lo que nos convertimos.
Tallar, devastar, triturar, presión y huella. Cada nivel de relieve y cada transparencia latente que solo se revela al trasluz encarnan la tensión entre la censura social, el instinto de protección y el peso del juicio que señala. Por eso, este proceso no consiste únicamente en construir una obra, sino en buscar aquello que permanece «oculto» o INVISIBLE para poder reconocerlo. Buscar en la materia para buscarse a uno mismo. Y al encontrarte frente a ella, la pregunta cambia de lugar: ¿Qué permanece invisible en ti?

