Comunidad de Práctica

Más Allá del Foro, una Máquina Social de Aprendizaje

¿Ha formado alguna vez parte de un grupo donde la pasión compartida por un tema se fusiona con la necesidad de mejorar continuamente? Si la respuesta es sí, probablemente ha estado inmerso en una Comunidad de Práctica (CoP), aunque no la haya llamado así. Este concepto, fundamental para entender cómo aprendemos e innovamos colectivamente, es el motor de proyectos que buscan crear nuevo conocimiento.

El término fue acuñado por la antropóloga Jean Lave y el experto en inteligencia artificial Etienne Wenger, quienes definen una CoP como un grupo de personas que comparten una preocupación o una pasión por algo a lo que se dedican, y aprenden a hacerlo mejor en tanto que interactúan regularmente. Su origen se basa en el estudio del aprendizaje en oficios—por ejemplo, observando cómo los sastres en África aprendían—demostrando que el aprendizaje no es un proceso individual, sino fundamentalmente un proceso social que ocurre mediante la participación activa en un colectivo.

Una Comunidad de Práctica se sostiene sobre tres pilares interconectados que determinan su vitalidad y estructura: Dominio, Comunidad y Práctica.

Los Tres Pilares Modificados por la Dinámica

Estos tres pilares no son elementos estáticos; son modificados por conceptos modales que actúan como fuerzas dinámicas (centrípeta y centrífuga), funcionando como adjetivos que definen la naturaleza de la interacción.

1. El Dominio y Lo Repertorial (Fuerza Centrípeta)

El Dominio es el interés compartido o área de competencia en la que los miembros desean progresar y ser mejores. No es un tema simple, sino el área que establece un estándar para medir la competencia.

El Dominio está intrínsecamente ligado a lo repertorial. Funciona como el elemento centrípeto, el «pegamento que mantiene unida a la comunidad», creando una identidad común y un sentido de propósito. Lo repertorial establece la coherencia del grupo, incluyendo temas de interés, posicionamiento y herramientas, y debe estar claro y definido.

2. La Comunidad y Lo Disposicional (Fuerza Centrífuga)

La Comunidad es el tejido social donde tiene lugar el aprendizaje. Se construye mediante la participación activa y sostenida, la ayuda mutua, el intercambio de información y, crucialmente, el desarrollo de la confianza mutua. A diferencia de un simple foro, la CoP es un espacio donde los miembros se sienten cómodos compartiendo fracasos y colaborando en problemas difíciles.

La Comunidad es netamente un agente disposicional. Esto representa la fuerza centrífuga. Lo disposicional significa la acción de expandirse, moverse, formar redes y generar cambio. Se relaciona con los «vectores de cambio» y el cuestionamiento, siendo el espacio donde el conflicto y el debate, cruciales para el aprendizaje, ocurren.

3. La Práctica y la Praxis (Lo Efectivo)

La Práctica es donde se materializa la interacción entre el repertorio y la disposición. Se refiere al repertorio compartido de recursos desarrollados por los miembros. Este repertorio incluye conocimiento explícito (documentos, tutoriales, el Mooc) y tácito (el «saber cómo», la destreza o la capacidad de tomar decisiones adecuadas).

La Práctica compartida se considera lo efectivo, la praxis, el resultado tangible y mundano del proceso. Este conocimiento solo se puede transmitir y aprender en el acto de hacer algo y es un conjunto vivo que evoluciona a medida que la comunidad aprende e innova.

La Tensión que Genera la Innovación

La interconexión de estos pilares y modos modales genera una dinámica compleja denominada «aguisamiento» (un proceso de gestación o cocción). La vitalidad de la comunidad se mantiene gracias a una tensión de «atracción y repulsión» entre lo que está claro y definido (lo centrípeto/repertorial) y aquello que genera dudas e impulsa la variación (lo centrífugo/disposicional).

Es importante desmitificar la idea de que una CoP se autoorganiza espontáneamente o es un lugar de armonía constante. La autoorganización debe ser cultivada. El conflicto es una señal de que la comunidad está aprendiendo y desarrollándose. De hecho, estas comunidades tienen la capacidad de innovar, inventar nuevas prácticas y crear nuevo conocimiento.

En última instancia, el valor de una Comunidad de Práctica radica en que permite a sus miembros volverse colectivamente responsables de gestionar el conocimiento que necesitan. Es un modo de relación que facilita que un grupo avance en lo que sabe y haga cosas que, quizás, nunca se han hecho antes.