Las caras ocultas de la censura. Redefiniendo la prohibición

Este video realizado por Montse Sobral, basádo en el trabajo de Jordi Claramonte, María Vendaño y Margaret Roberts, redefine la censura para ir más allá de la simple prohibición y explorar sus caras ocultas en la sociedad moderna. Se identifican y desarrollan cuatro estrategias principales: el miedo, que emplea prohibiciones y amenazas para generar autocensura, aunque es una táctica inestable que puede provocar un efecto contrario; la fricción, que dificulta y ralentiza el acceso a la información mediante obstáculos burocráticos, con lo que explota la impaciencia del público; la inundación, que satura los canales de comunicación con un exceso de información, hasta hacer imposible discernir lo relevante y construir sentido; y la ignorancia, que es la forma más sutil y eficaz: en ella, no solo se desconoce algo, sino que se ignora la propia ignorancia, como resultado de un proceso sistemático que cercena las capacidades de cuestionamiento.

Un modelo dinámico de control

Estas cuatro formas de censura no operan de manera aislada, sino que interactúan de forma dinámica según el modelo del atractor de Lorenz. El miedo y la fricción limitan el acceso a la información, mientras que la inundación y la ignorancia afectan la capacidad de agregarla y darle sentido. En conjunto, generan un entorno de sobreabundancia y vacío informativo que interrumpe la autoorganización y el pensamiento crítico. El modelo enfatiza la importancia de identificar el tipo de censura que se está aplicando para poder combatirla con eficacia. Esto es crucial, porque la sensibilidad moderna a menudo pasa por alto las formas más sutiles como la inundación y la producción de ignorancia, incluso en el ámbito artístico.

Resumen Extenso

Las Caras de la Censura Moderna: Más allá de la Prohibición Directa

En este apartado del curso, exploraremos las diversas facetas de la censura. Tradicionalmente asociada a la prohibición o eliminación directa de información, como la de libros o contenidos específicos, la censura ha evolucionado para incluir dinámicas menos evidentes pero igualmente omnipresentes en nuestra sociedad y otras culturas, tanto en el pasado como en el presente.

Analizaremos las caras ocultas de la censura moderna y su evolución más allá del «lápiz rojo» tradicional. Basándonos en el trabajo de Jordi Claramonte y María Vendaño, quienes a su vez se nutren de las ideas de la politóloga Margaret Roberts, desvelaremos cuatro estrategias clave empleadas para limitar la influencia de la información: el miedo, la fricción, la inundación y la ignorancia.

La Censura: Un Impacto Exógeno y la Gestión de la Visibilidad

En su definición más elemental, censurar implica impedir el acceso a determinada información. Bajo esta conceción tradicional, la persona censurada es un sujeto pasivo que acepta la prohibición, probablemente por temor a las consecuencias negativas de cualquier resistencia. La censura se percibe, entonces, como una imposición externa sobre un individuo inactivo.

Este modelo fue particular y efectivo en sociedades con sistemas de comunicación menos complejos. Sin embargo, las sociedades industriales y de consumo contemporáneas, con agentes sociales más activos y contextos de producción y distribución de información descentralizados, han visto surgir nuevas modulaciones de la censura. Estas no solo se adaptan a dichas características, sino que las utilizan a su favor para alcanzar sus objetivos.

Etimológicamente, la palabra censura comparte raíz indoeuropea (kens, anunciar solemnemente) con censo. Mientras el censo proclamaba la existencia y los recursos de una parte de la población, la censura hacía lo mismo con la inexistencia o irrelevancia de otra. Tanto el censo como la censura ofrecen una visión parcial y legitimada de la realidad, excluyendo vastas porciones de lo que existe pero no cuenta. Un ejemplo histórico es el primer censo de Servio Tulio en Roma, que contabilizó 80 000 varones adultos, ignorando a mujeres, esclavos y niños. Desde sus orígenes, ambas operaciones otorgan visibilidad a una parte (población, datos, historias) mientras sumen a otra en la invisibilidad. Así, los espacios de censura son, en esencia, espacios de invisibilidad o silencio selectivo, deliberadamente creados por cada sociedad.

Cuatro Estrategias de Censura

A continuación, profundizaremos en estas cuatro estrategias de censura, explorando su especificidad y correlación.

1. El Miedo

El miedo es el método de censura más tradicional y directo. Los grupos de poder lo emplean mediante prohibiciones, discretas o explícitas, e intimidación para restringir información hostil. Esta modalidad, la más cercana a la censura clásica, busca suprimir información crítica o impedir su acceso. Ya Quevedo la denunciaba en 1630. Pese a su antigüedad, esta forma de censura persiste, adaptándose a las redes digitales, manifestándose a través del bloqueo de sitios web o la manipulación de resultados en motores de búsqueda, eliminando el acceso a contenidos específicos.

Sin embargo, Claramonte y Vendaño señalan que el miedo va más allá de la censura directa: purifica internet al inducir la autocensura. En el periodismo, la amenaza de sanciones penales o de costosos litigios genera un «efecto de congelamiento» (chilling effect), llevando a muchos profesionales a evitar investigar a ciertos funcionarios públicos.

Un problema inherente a la censura por miedo es su tendencia a deslegitimar a quienes la ejercen. No solo deben imponer su voluntad, sino también demostrar la capacidad de aplicar la violencia implícita, lo cual es desgastante. La falta de ejecución de esa violencia puede percibirse como debilidad, comprometiendo la autoridad, como se vio en el caso de Jamal Khashoggi y el gobierno saudí, que resultó en una pérdida de legitimidad.

El miedo es un fundamento inestable para la censura. Las amenazas generan un equilibrio frágil que puede desmoronarse fácilmente. A menudo, el intento de ocultar algo mediante el miedo solo lo resalta, produciendo el «efecto Streisand». Como apunta Fabián Vanga, el acto mismo de censura valida y convierte el discurso o producto censurado en el centro de la realidad social. Cuando algo ilegítimo provoca indignación, lo oculto tiende a emerger con más fuerza. El bloqueo de Instagram por el gobierno chino en 2014, tras las protestas en Hong Kong, es un claro ejemplo. La investigación de Hoks y Roberts reveló que el 53 % de los usuarios chinos descargó VPN no solo para acceder a Instagram, sino también a otras redes previamente censuradas como Twitter y Facebook. Lejos de suprimir, esta estrategia incrementó la visibilidad e influencia de figuras disidentes, invirtiendo los roles tradicionales: los ciudadanos, como agentes activos, burlaron los mecanismos de censura pasivos del gobierno.

2. La Fricción

Margaret Roberts sostiene que el miedo no es la forma ideal de censura y propone otros dos procedimientos clave. A diferencia del miedo, que bloquea la información directamente, la censura por fricción busca dificultar y ralentizar el acceso a la información y la organización social. No se prohíbe el contenido crítico, pero se interponen tediosos trámites burocráticos.

Este método censura a quienes carecen de tiempo o paciencia para buscar información. Refleja una subjetividad propia de las sociedades de consumo y entretenimiento rápido, donde los ciudadanos son impacientes e indiferentes. Ante dificultades, cambian de objetivo, buscando gratificación en otras fuentes. El caso de Google en China en 2010 ilustra este punto. El gobierno no prohibió el buscador, sino que lo ralentizó. Un estudio de Google reveló que un retraso de 400 milisegundos en el tiempo de búsqueda reducía el número de búsquedas en un 44 %. Como resultado, la cuota de mercado de Google en China, que era del 25 % en 2010, cayó al 3 % en 2013.

La censura por fricción evita el desgaste y la ilegitimidad del bloqueo directo. Para que funcione bien, es importante que los problemas de acceso parezcan inevitables, no culpa del poder, y se perciban incluso como una medida de protección de la privacidad o derechos. Aun así, este modelo no ofrece garantías absolutas. Aunque menos burda y escandalosa que el miedo, y menos propensa a la deslegitimación extrema, puede motivar a individuos a superar los obstáculos y organizarse para reestructurar y distribuir información crítica. Si la ciudadanía se organiza de forma novedosa para impugnar el poder, los regímenes suelen recurrir a otras formas de censura.

3. La Inundación

La censura por inundación, el tercer tipo, no limita el acceso, sino que lo satura. Su objetivo es hacer la información inmanejable e ineficaz, llenando las redes o espacios de comunicación hasta el punto de anularlos. Los usuarios, acostumbrados a la sobreabundancia informativa, pueden no percibirla. Aunque parezca moderna, esta estrategia tiene una larga historia, observándose sus antecedentes en los murales y eslóganes del Partido Comunista Chino.

Las tecnologías de comunicación en red actuales potencian esta censura, volviéndola difícil de rastrear. Gobiernos como el chino y el ruso explotan esta capacidad: Roberts menciona que China contrata «internautas» que publican unos 448 millones de entradas al año. Estos comentaristas profesionales actúan como «influencers» anónimos, elogiando al gobierno y tergiversando u ocultando opiniones críticas en chats y foros.

A diferencia de la fricción, que dificulta el acceso, la inundación ofrece un acceso y una posibilidad de intervención (participación) muy ágil. El problema es que, ante el volumen, se pierde la capacidad de «agregar» la información y extraerle sentido. La «agregación» implica poder entenderla correctamente, a menudo mediante investigaciones que condensan datos suficientes y contrastados de múltiples fuentes para extraer conclusiones claras. La inundación, por tanto, afecta directamente la capacidad de agregación, impidiendo diferenciar lo relevante de lo superfluo. Satura, revuelve y desordena, dificultando la búsqueda de información esencial. El resultado es que lo principal se diluye en lo secundario, y viceversa.

4. La Ignorancia

Por último, Margaret Roberts nos habla de la ignorancia. Según la politóloga, esta forma de censura se ejerce sobre quienes han sufrido una doble pérdida: no solo desconocen una información específica, sino que además ignoran que la desconocen. Esta «ignorancia de la ignorancia» anula el cuestionamiento, impidiendo a los individuos actuar o comprender lo que se les ha arrebatado.

Aunque es la forma más simple y segura por su apariencia natural, la ignorancia no es una condición inherente. A la larga, las carencias informativas afloran y buscan ser llenadas, consciente o inconscientemente. Es crucial entender que esta ignorancia es sobrevenida, no originaria. Es el resultado de un proceso sostenido y sistemático, elaborado para cercenar las capacidades de cuestionamiento y aprendizaje. Este proceso puede ser provocado tanto por la carencia como por el exceso de información.

El Atractor de Lorenz: Interconexión de las Formas de Censura

Jordi Claramonte concibe estas cuatro formas de censura como un sistema dinámico interconectado. Propone que el orden de su exposición –miedo, fricción, inundación e ignorancia– representa los itinerarios y complicidades más frecuentes entre ellas, donde el exceso de una puede conducir a otra. Para visualizar estas correlaciones, sugiere un modelo gráfico similar a una cinta de Moebius o un atractor de Lorenz, que muestre su recorrido entrelazado.

El modelo del atractor de Lorenz revela que estas formas de censura no son inconexas, sino que se traman y articulan, sucediéndose no mecánicamente, sino a través de bifurcaciones y cambios de estado. Estos cuatro modos orbitan alrededor de dos ejes principales: el acceso a la información y la capacidad de agregación (darle sentido). El miedo y la fricción limitan el acceso; el primero bloquea directamente y el segundo lo retrasa o dificulta. Ambos pueden alternarse en dinámicas autoritarias para abrir o cerrar el flujo de información según convenga. Por su parte, la inundación y la ignorancia impactan en la agregación: la primera abruma con un exceso de datos, y la segunda dispersa y vacía el sentido. En conjunto, generan un entorno donde la sobreabundancia y el vacío informativo se retroalimentan.

Estas estrategias de censura, a menudo populistas y mediáticas, alternan saturación e indiferencia para mantener el control. El modelo del atractor permite visualizarlas como un espacio de fases, ayudando a identificar el tipo de disputa informativa en curso. Esto es crucial, ya que no tiene sentido luchar por el acceso cuando el problema es la manipulación del sentido, ni a la inversa. En última instancia, el «espacio del atractor» representa la capacidad de autoorganización de los lenguajes artísticos y las comunidades humanas. Las distintas formas de censura son mecanismos que interrumpen estos procesos.

Nuestra sensibilidad actual detecta fácilmente la censura por miedo o fricción, pero a menudo ignora las formas más sutiles, como la inundación o la producción de ignorancia. En el ámbito artístico, la inundación mediática puede neutralizar la potencia crítica de una obra, oscurecer su capacidad de reflexión y desviar la atención hacia la anécdota o el espectáculo. Ejemplos claros son la obra de Santiago Sierra sobre presos políticos en ARCO, o Girl with the Balloon de Banksy en Sotheby's. Con frecuencia, esta saturación conduce a un público desorientado, incapaz de conectar las obras con su experiencia personal o de integrarlas en un proceso de pensamiento colectivo.

El modelo del atractor de Lorenz nos ayuda a comprender cómo estas distintas formas de censura coexisten y se refuerzan: desde el miedo de los artistas precarios a la exclusión, la fricción burocrática que ralentiza la creación, hasta la inundación informativa que ahoga propuestas valiosas. Todas ellas, en conjunto, socavan la posibilidad de una producción artística verdaderamente libre y significativa.