Del RGB al CMYK: color, perfiles y pruebas
Haces una imagen en la pantalla, la imprimes y el azul sale apagado. No has hecho nada mal. La pantalla y el papel fabrican el color de maneras opuestas, y entre una y otra hay una traducción. Eduardo Zamarro lo dice sin rodeos: el problema principal de la impresión digital es «la traducción del color».
Esta entrada va de esa traducción: qué se pierde, qué herramientas tienes para controlarla y qué parte no se controla nunca del todo.
Una vieja idea: separar el color
La idea de imprimir el color en varias capas es anterior a cualquier ordenador. María del Mar Bernal cuenta que Jacob Christoph Le Blon (1667-1741) —a partir de la teoría del color de Newton— concibió la cuatricromía, que en su origen era tricromía: tres planchas a la manera negra, estampadas una sobre otra con los tres primarios. Faltaba contraste, porque la mezcla de los tres primarios solo daba un negro «evanescente», y llegó una cuarta plancha —la del negro—. En su libro, Bernal se la atribuye a Jacques Fabien Gautier-Dagoty. En su web deja la duda abierta: «Gautier d´Agoty, o tal vez el mismo Le Blon».
Bernal añade algo que todavía vale. Cuatro planchas con tintas planas solo dan esos cuatro colores y sus mezclas. Para que salgan todos los matices hace falta romper cada color en puntos, una trama. Las distintas maneras de tramar las tienes en «La decisión de la trama».
La cuatricromía de hoy sigue esa misma lógica: cuatro tintas y una trama.
La pantalla suma luz, la tinta la resta
Zamarro lo resume así: los monitores usan el sistema aditivo rojo, verde y azul —el RGB— y las impresoras la mezcla sustractiva de cian, magenta y amarillo.
Aditivo quiere decir que la pantalla emite luz y cada color suma la suya. Sustractivo quiere decir lo contrario: el papel refleja la luz y cada tinta se queda con una parte. Por eso una imagen puede brillar en la pantalla y quedarse más sorda en el papel. El papel no emite nada; solo devuelve lo que la tinta le deja.
Por qué hace falta el negro
En teoría, las tres tintas mezcladas dan el negro, como recuerda Norberto González Jiménez. En la práctica no. Zamarro, siguiendo a Martínez-Verdú, explica que se añade el negro —la K de CMYK— por la «dificultad de alcanzar un negro saturado» con los tres primarios, y porque con él «la gama de colores reproducibles aumenta con creces, puesto que las tintas CMY no son espectralmente ideales».
Es el mismo problema que resolvía la cuarta plancha hace casi tres siglos. Las tintas reales no son los primarios perfectos de los libros.
Colores que la pantalla enseña y el papel no da
Zamarro reproduce una figura de Martínez-Verdú con los dos espacios de color —el RGB y el CMYK— dibujados dentro del mismo volumen. Su conclusión es que el RGB «ofrece un mayor espacio de color». En la práctica, hay colores que ves en pantalla y que la cuatricromía no puede imprimir.
La industria responde con más tintas. Zamarro habla de impresoras de seis colores o más —la impresión hi-fi— y González Jiménez concreta que suelen añadir verde y naranja. La gama crece.
El perfil: la ficha de cada máquina y cada papel
Si cada pantalla, cada impresora y cada papel reproducen el color a su manera, hace falta una ficha que describa esa manera. Eso es un perfil de color. González Jiménez explica que los sistemas de gestión del color se crearon para ajustar el color entre los aparatos de un equipo «de la forma más exacta posible», sustituyendo los colores que una gama no tiene por otros aproximados. Entraron en los ordenadores con ColorSync, de Apple, y después con ICM, de Windows.
El formato común es el perfil ICC. El International Color Consortium explica que se puede incrustar en una gran variedad de formatos de imagen, y que en un PDF cada imagen u objeto de color puede llevar el suyo.
Esto tiene una consecuencia práctica muy clara. Un RGB sin perfil no dice qué rojo es su rojo. La ICC lo recuerda en uno de sus documentos técnicos: el PDF/X —el formato de intercambio para imprenta— no admite ese RGB sin perfil, porque no está definido. En el PDF/X-4, con el perfil incrustado, el RGB puede viajar hasta el final y convertirse en el último momento. El PDF/X-1a, más antiguo, no admite RGB, y el bvdm lo recomienda cuando se convierte pronto o a medio camino.
La asociación alemana de la industria gráfica, el bvdm, aconseja trabajar en un espacio pensado para imprenta —el eciRGB_v2, que hoy recoge la norma ISO 22028-4:2023— y pasar a él al principio las imágenes en sRGB o en Adobe RGB. Pero admite una excepción: si el flujo va a acabar en CMYK, esa conversión previa no es obligatoria, porque cada conversión puede degradar el detalle. Lo que no tiene excepción es que el perfil vaya incrustado.
Cómo se traduce lo que no cabe
Cuando un color de la imagen no cabe en la gama de destino, algo tiene que cambiar. La regla con la que el sistema de gestión del color hace esa conversión se llama intento de representación. La guía de impresión de la Universidad de Delaware explica las dos que más vas a usar:
- Perceptual. Es la opción por defecto y funciona bien en la mayoría de las fotografías.
- Colorimétrico relativo. Conserva más de los colores originales, y puede ser mejor si la imagen no tiene colores fuera de gama.
La misma guía aconseja probar las dos antes de decidir. El bvdm, cuando separa para un medio concreto, usa el perceptual.
Hay un ajuste más que conviene conocer, la compensación del punto negro, que adapta el negro de un espacio al del otro. La ICC señala un límite: hasta la versión 1.7 del PDF no se podía indicar dentro del archivo si había que aplicarla, y eso no se resuelve hasta el PDF 2.0. Si entregas en RGB y la conversión la hace la imprenta, es una razón más para pedirle una prueba.
Cuándo pasar a CMYK
Hay tres momentos posibles para convertir el RGB en CMYK. Pronto, cuando preparas la imagen. A medio camino, al maquetar. O tarde, justo antes de imprimir.
El bvdm describe los tres y no impone ninguno. Para la conversión tardía recomienda el PDF/X-4, con la condición de impresión fijada dentro del archivo y el paso a CMYK «poco antes de imprimir». Tiene una ventaja: los datos llegan intactos y la separación se ajusta a la máquina que va a imprimir. Y tiene un precio, como señala Proof GmbH: quien maqueta no llega a ver el CMYK final.
La regla que seguimos es sencilla. Si nadie te dice nada, entrega en RGB con su perfil. Pero en España lo normal es que te lo digan: muchas guías técnicas de imprenta piden el archivo ya en CMYK. Si es así, convierte con el perfil que te den, y deja el texto negro en negro solo. Cómo se exporta ese archivo lo contamos en «Preparar el archivo».
No es una cuestión menor. En la encuesta del Ghent Workgroup de 2017, más de la mitad de los profesionales señalaba como error frecuente el color en un espacio equivocado, y un 30 %, el perfil ICC equivocado.
La prueba en pantalla
Antes de gastar papel puedes simular en el monitor cómo saldrá la imagen. Es la prueba en pantalla: eliges el perfil de tu impresora y tu papel, y el programa te enseña la imagen como si ya estuviera impresa.
La guía de Delaware avisa de lo que vas a ver: la imagen no se verá tan brillante como en la pantalla. Es lógico, porque la pantalla emite luz y el papel solo la devuelve. Si además simulas la tinta negra —que desactiva la compensación del punto negro—, los negros se verán más claros.
La prueba en pantalla sirve para anticipar, no para aprobar. La última palabra sigue siendo el papel.
Qué perfil CMYK, si nadie te dice nada
Cada perfil CMYK describe una condición de impresión: una máquina, unas tintas y un tipo de papel. Si la imprenta no te da el suyo, en el taller usamos estos:
- Papel estucado: Coated FOGRA39.
- Papel no estucado: Uncoated FOGRA29.
Hay perfiles más nuevos, los PSO v3. El bvdm ya los da como sustitutos de los anteriores, pero en las guías de imprentas españolas que hemos revisado la mayoría sigue pidiendo FOGRA39. Úsalos si te los piden.
Pregunta también la tinta máxima, la suma de las cuatro tintas que admite su papel y su máquina. No es un dato menor: la propia European Color Initiative publicó dos versiones de su perfil para estucado —el ISO Coated v2—: la normal, con una tinta máxima del 330 %, y otra limitada al 300 %. La cifra la da quien imprime.
La prueba, siempre en papel
Perfiles, calibración y normas reducen la sorpresa, pero no la quitan. Zamarro lo dice con toda claridad: aun con aplicaciones de calibración y perfiles, «el artista no puede prescindir de realizar sus propias pruebas de color en el soporte definitivo». Y recuerda por qué: el soporte interviene en el resultado final del color.
En la imprenta, la prueba tiene además un valor de acuerdo. El bvdm la llama prueba contractual: es la referencia que se pacta con la imprenta. Y advierte que una prueba hecha sin perfil de referencia no se recomienda ni tiene ese valor.
En tu propia impresora, la prueba es todavía más sencilla: el papel de la edición, la tinta de la edición y la misma configuración que vas a usar en la tirada. Lo contamos también en «La estampa digital», y por qué cambia tanto de un papel a otro, en «Qué papel necesita cada técnica de impresión».
La luz con la que miras
La luz con la que miras también cuenta. La industria gráfica mira las pruebas con una luz normalizada —la que fija la norma ISO 3664—, con el iluminante D50, de unos 5000 K. La edición de 2009, la que más se cita, se sustituyó en julio de 2025 por una nueva.
Zamarro señala que los problemas de metamerismo —cuando dos colores que coinciden con una luz dejan de coincidir con otra— se acusan más en las reproducciones en blanco y negro, y que por eso hay impresoras con tintas grises neutras. Lo contamos en «Tóner e inyección».
No hace falta que tengas una cabina normalizada. Basta con una costumbre: compara siempre la prueba y la estampa con la misma luz, y mira una vez más con la luz del lugar donde se va a colgar.
Para llevar al taller
- Trabaja con el perfil incrustado. Un RGB sin perfil no dice qué color es.
- No conviertas a CMYK por costumbre. Hazlo solo si la imprenta te lo pide, y con su perfil.
- Si nadie te dice nada: FOGRA39 para estucado, FOGRA29 para no estucado.
- Pregunta siempre la tinta máxima.
- Usa la prueba en pantalla para anticipar, y aprueba siempre en papel.
- Haz la prueba en el papel de la edición y mírala con la misma luz que la estampa.
Para reflexionar
- Piensa en una imagen tuya que te decepcionó al imprimirla. ¿Fue el color, el papel o la luz con la que la miraste?
- Si la pantalla enseña colores que el papel no puede dar, ¿diseñas pensando en la pantalla o pensando en el papel?
Fuentes principales: Eduardo Zamarro, La tecnología de inyección de tinta como herramienta para la práctica artística, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2007, cap. III, que cita a F. Martínez-Verdú, «Reproducción del color en impresoras», en J. M. Artigas, P. Capilla y J. Pujol (coords.), Tecnología del color, Universitat de València, 2002; María del Mar Bernal, tecnicasdegrabado.es, Cuadernos de Bellas Artes 14, 2013, y «El grabado a color», tecnicasdegrabado.es, 2009; Norberto González Jiménez, La transferencia de la imagen de mediotono impresa: posibilidades plásticas y creativas, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2007.
Normas y documentos técnicos: International Color Consortium, «Profile embedding» y White Paper 31 (2020); bvdm, MedienStandard Druck 2018; Proof GmbH, sobre la conversión tardía; European Color Initiative, descargas; Universidad de Delaware, «Soft proofing»; Ghent Workgroup, encuesta de 2017, según prepressure.com; ISO 3664:2025, que sustituye a la de 2009 (BSI); Yuji, sobre la ISO 3664. Consultados en octubre y noviembre de 2026.
