La autonomía modal: cuántas maneras tienes de acercarte a lo que sabes

Se puede tener mucho oficio y una sola manera de usarlo

Acumular técnicas y ampliar las maneras de relacionarse con ellas son dos trabajos distintos. Cuando crece solo el primero, el oficio aumenta y la obra se queda quieta. A esa segunda capacidad la llamamos autonomía modal.

Hay una manera de estancarse que no se parece al estancamiento. El taller sigue aprendiendo. Cada año hay una técnica más, un material nuevo, una máquina que antes no estaba. El inventario crece y el oficio crece de verdad.

Y la obra no se mueve.

No es que falte repertorio. Es que hay una sola manera de acercarse a él, casi siempre la que se aprendió, y todo lo que entra se usa de ese modo.

Tres peldaños, y casi siempre se cuentan dos

La cápsula de la cartografía del repertorio deja la primera distinción hecha y conviene recordarla, porque la segunda se apoya en ella. «Tenemos insoladora» es inventario; «sabemos insolar plancha con trama fina sin perder el punto» es repertorio. Lo primero se deja fotografiar y lo segundo no.

Hay un tercer peldaño y es el que casi nunca se sube. Ante ese mismo saber, la pregunta siguiente no es si lo tenemos, ni si sabemos hacerlo: es de cuántas maneras distintas sabemos hacerlo. Una plancha de trama fina se puede insolar buscando el punto más limpio, o buscando que se pierda a propósito, o para que aguante una tirada larga. Son tres modos de relación con el mismo saber.

Quien se queda en el segundo peldaño tiene un taller que sabe hacer cosas. Quien sube al tercero tiene un taller que puede elegir.

Una capacidad, no un almacén

Si las disposiciones deciden lo que un repertorio hace, la pregunta de fondo no es si cambias de disposición alguna vez. Es cuántos modos de relación distintos puedes poner en juego. A esa capacidad la llamamos, con Claramonte, autonomía modal.

Quien la tiene estrecha se relaciona con lo que sabe de una única manera y queda a merced de ella. Quien la tiene amplia puede acercarse a lo mismo de formas distintas según lo que el momento pida: abrir donde otro repetiría, sostener donde otro abandonaría.

Fíjate en que las dos cosas son valiosas. Ampliar la autonomía modal no es volverse más inquieto: es poder elegir, y sostener también cuenta como elección cuando se elige.

Por qué no se amplía acumulando

Y aquí está lo que de verdad importa: ampliarla es un trabajo distinto del de acumular técnicas. No sale de lo mismo ni se consigue haciendo más de lo mismo.

Se puede tener mucho repertorio y poca autonomía modal. Entonces pasa exactamente lo del principio: el oficio crece mientras la obra se queda quieta. Y cuesta verlo, porque todos los indicadores que un taller suele mirar —técnicas, equipo, encargos— están subiendo.

El síntoma no está en lo que entra, está en lo que sale. Si todo lo nuevo acaba usándose de la misma manera, lo que falta no es material.

Se mide, y no hace falta inventar la herramienta

Lo bueno de esto es que no se queda en diagnóstico de taller melancólico. El segundo movimiento de la cartografía del repertorio hace justo esta cuenta: saber por saber, de cuántas maneras distintas sabéis hacerlo.

Y da unidades, que es lo que convierte una intuición en una medida. Un saber con un solo modo es rígido: funciona mientras las condiciones no cambien. Un saber con tres es un saber que puede elegir. No hay que llegar a tres en todo; hay que saber en qué estáis a uno.

Hay además un termómetro más rápido, que viene del Eje 4. Si ante la pregunta «¿cómo hacemos esto?» el taller tiene siempre una sola respuesta, eso no es señal de que la respuesta sea buena: es señal de endurecimiento. Una sola respuesta puede significar que habéis encontrado la buena, y también que hace años que nadie busca otra. Las dos cosas se dicen igual desde fuera.

Cómo se amplía, con lo que este curso ya tiene en pie y sin pedirle a nadie más voluntad: dejándose afectar por materiales y por trabajos ajenos, que es la disposición receptiva; saliendo del repertorio y volviendo a él, que es el ciclo que la cápsula de la salida y la vuelta recorre entero; y recuperando modos que el taller dio por superados, porque un modo guardado que vuelve a servir ensancha el abanico sin añadir una técnica.

Y esto escala

El juego completo de un repertorio con sus disposiciones inaugura modos de relación nuevos, y eso ocurre igual un piso más arriba. Lo micro se reproduce, cambia de escala y asciende.

Lo que un practicante hace con su repertorio, el taller lo hace con el suyo, y la comunidad con sus talleres. La autonomía modal de un ecosistema se cultiva igual que la de una persona, y se estrecha igual: cuando todos los talleres de una red se relacionan con lo que saben de la misma manera, la red tiene mucho repertorio y una sola salida.

Por eso esto no se queda en lo individual. La sensibilidad que un taller entrenó, lo que hace con ella y lo que de eso llega a otros son el mismo asunto mirado a tres distancias.

Para indagar en tu taller

Haz la cuenta con tres saberes de tu taller, no con todos. De cada uno, de cuántas maneras distintas sabéis hacerlo. Si alguno sale a uno, ya tienes por dónde empezar, y sabrás además si ese uno es la respuesta buena o la única que queda.

Coge la última técnica o máquina que entró y pregunta de cuántas maneras se ha usado. Si solo de una, y es la que ya usabais para lo anterior, el inventario creció y la autonomía no.

Siguiente lectura: «Aguzar y aguisar: dos verbos que no se confunden».


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