Bailarinas

Kalina Stoykova

Pulp painting, fotopolímero y serigrafía.

Sofía · Bulgaria

El conocimiento se enseña de persona a persona. El horó se baila entre todos, jóvenes y mayores, niños y novias. Unidos de las manos, bailan juntos bajo los mismos ritmos irregulares, los mismos pasos intrincados, tal como los antepasados desde tiempos olvidados, más allá de estados y de religiones.

El baile es un misterio que solo puede transmitirse a través de la cadena humana viva. El horó solo existe con la gente. Un solo bailarín, por muy hábil que sea, no puede formar por sí mismo el horó.

El horó cobra vida como una criatura creada por la unión, el acuerdo y la memoria colectiva. Adquiere estructura y carácter. Se baila hacia la derecha, aunque a veces también hacia la izquierda.

En cada región el horó es tal como lo conocen los locales, del mismo modo en que se recuerdan las canciones y los nombres de las montañas. No se puede aprender en ningún libro. Hay que ir allí, observar, quedarse y empezar a bailar junto a los demás.

Una vez que te has unido al horó, tendrás que bailarlo.

Procedimiento ·Fotopolímero sobre papel artesanal, creada en el taller de Antonio en Jaén durante el invierno.

Plegado · 22 × 32 cm cerrado

Desplegado · Desplegable, doble cara

2026

Edición variable (variaciones sobre papel artesanal)

Yo nací en Bulgaria hace 24 años. Estudié en el Instituto de Matemáticas de Sofía y soñaba con estudiar Física Cuántica en la universidad. Fui aceptada, me matriculé, pero al mismo tiempo también me aceptaron en la Academia Nacional de Bellas Artes en Sofía. Y decidí desviar. Hace un año me gradué en doble grado de Pintura y Pedagogía. Me parece que entre las matemáticas y la pintura hay mucho en común. Ambas son formas de observar y explorar las conexiones y la lógica del mundo.