El conocimiento se enseña de persona a persona. El horó se baila entre todos, jóvenes y mayores, niños y novias. Unidos de las manos, bailan juntos bajo los mismos ritmos irregulares, los mismos pasos intrincados, tal como los antepasados desde tiempos olvidados, más allá de estados y de religiones.
El baile es un misterio que solo puede transmitirse a través de la cadena humana viva. El horó solo existe con la gente. Un solo bailarín, por muy hábil que sea, no puede formar por sí mismo el horó.
El horó cobra vida como una criatura creada por la unión, el acuerdo y la memoria colectiva. Adquiere estructura y carácter. Se baila hacia la derecha, aunque a veces también hacia la izquierda.
En cada región el horó es tal como lo conocen los locales, del mismo modo en que se recuerdan las canciones y los nombres de las montañas. No se puede aprender en ningún libro. Hay que ir allí, observar, quedarse y empezar a bailar junto a los demás.
Una vez que te has unido al horó, tendrás que bailarlo.

