Hay una manera rápida de enseñar qué es una publicación de poesía y arte impreso. Se da la definición, se enseñan tres ejemplos y se pide que se reconozcan. Funciona, y deja a todo el mundo mirando lo que ya sabe que tiene que ver.
Esta cápsula propone el orden contrario. Primero, las piezas sobre una mesa, sin cartela y sin explicación. Después, lo que el grupo dice de ellas. Y solo al final, el texto que lo pone en palabras. La definición llega cuando ya hay algo con que contrastarla.
Las manos antes que el nombre
Una publicación de este tipo no se entiende de lejos. Hay que abrirla, girarla, notar el papel y darse cuenta de que algo se lee en un orden y no en otro. Por eso la sesión empieza con las piezas pasando de mano en mano. Nadie tiene que saber qué son. Lo que se pide es mirar despacio y apuntar.
Lo que se pone sobre la mesa importa tanto como lo que se pregunta. Conviene mezclar publicaciones de artista con sus vecinos, que se les parecen mucho: un libro ilustrado, un poemario bien maquetado, un cartel, una pieza única y una reproducción impresa de una obra que ya existía en otro soporte. Cada vecino pone a prueba una frontera. El libro ilustrado, la de una imagen que acompaña a un texto anterior. El cartel, la de algo que se ve de una vez y no se lee en el tiempo. La pieza única, la de la tirada. Las fronteras no se explican. Se encuentran, o no, y las dos cosas dicen algo.
Seis preguntas para cada pieza
Para cada pieza, el grupo apunta lo que ve con estas preguntas:
- ¿Qué papel es y qué permite? Míralo a contraluz y tócalo.
- ¿Cuántas técnicas ves, y en qué orden crees que entraron?
- ¿Dónde se nota la mano y dónde se esconde?
- ¿Cómo te obliga a leer? Qué abres primero, qué tienes que girar, si puedes saltarte algo.
- ¿Hay texto? ¿Hay imagen? ¿Qué pasa entre los dos?
- ¿A quién le habla? Qué clase de persona cabe en ese objeto, y dónde se lo encontraría.
El orden no es casual. Empieza por la materia, que es lo que el cuerpo nota antes de pensar, y termina en la persona que recibe el objeto y en el sitio por donde circula. Por el camino pasa por la técnica, por el gesto de quien lo hizo y por la manera de leerlo. Es el recorrido entero de una publicación, de la tina al lector, hecho en unos minutos y con las manos.
La quinta pregunta es abierta a propósito. Podría pedir que se compruebe si el texto y la imagen se necesitan, que es lo que distingue a estas publicaciones de sus vecinos. Pero eso sería dar el criterio antes de tiempo. Preguntar «qué pasa entre los dos» deja que cada cual lo descubra, o que no lo vea todavía.
Agrupar por parecido
Cuando todas las piezas han pasado por todas las manos, el grupo las junta en montones según se parezcan y escribe por qué las ha juntado así.
No hay una agrupación correcta. Hay quien junta por técnica, quien junta por tamaño y quien junta por cómo se relacionan el texto y la imagen. Cada criterio es un mapa de lo que el grupo ya sabe ver, y también de lo que todavía no ve. Si el libro ilustrado acaba en el mismo montón que las publicaciones de artista, esa frontera no se ha encontrado. Es un dato, no un error.
Preguntar antes y después
La sesión se cierra con dos preguntas cortas, antes de leer nada:
- Con tus palabras, ¿qué es una publicación de poesía y arte impreso? Dos o tres líneas.
- ¿Qué pieza te ayudó más a entenderlo, y qué viste en ella?
Después, en otra sesión o en casa, se lee el texto que define estas publicaciones, y se hace una tercera pregunta: ahora que lo has leído, ¿qué cambiarías o añadirías a lo que escribiste?
Entre la primera respuesta y la tercera está lo que añadió el texto. Y en la primera ya está lo que las manos habían encontrado solas. Cuántas respuestas tocan una frontera sin haberla leído es la medida de la sesión, y la mejor manera de saber si las piezas que pusiste sobre la mesa eran las que hacían falta.
Para indagar en tu taller
- Si tuvieras que explicar qué hace tu taller sin decir una sola palabra, solo con objetos encima de una mesa, ¿cuáles pondrías? ¿Y qué vecino pondrías al lado para que se notara la diferencia?
- Piensa en la última vez que enseñaste algo empezando por la definición. ¿Qué habría pasado si hubieras empezado por las piezas? ¿Qué habrías tenido que poner sobre la mesa?
Para llevarlo al aula
Duración. Una sesión de dos horas: unos 60 minutos para mirar las piezas con las seis preguntas, 30 para agrupar y 15 para las dos preguntas de cierre. La lectura del texto y la tercera pregunta van en otra sesión o en casa.
Materiales. Entre seis y diez piezas: varias publicaciones de artista y al menos tres de sus vecinos (libro ilustrado, poemario bien maquetado, cartel, pieza única, reproducción). Una hoja con las seis preguntas por persona. Papel para apuntar y una mesa grande para agrupar. Un texto que defina estas publicaciones, para después: el de tu taller, o uno publicado.
Espacio. Mesas grandes y buena luz, mejor natural, porque la primera pregunta pide mirar el papel a contraluz.
Nivel. De bachillerato artístico y ciclos a grado, y talleres de adultos. No hace falta saber nada antes: la sesión funciona precisamente por eso.
Cómo adaptarlo.
- Con pocas piezas: por parejas, con las piezas rotando de mesa en mesa cada diez minutos.
- Sin publicaciones de artista a mano: pide prestadas a un taller, una biblioteca o una editorial cercana. Las fotos no sirven, porque la mitad de las preguntas se contestan tocando.
- Con un grupo que ya sabe: quita la etiqueta a las piezas más conocidas y añade un vecino difícil, uno que se parezca mucho.
Seguridad del taller
No hay química ni máquinas. Lo único que hay que cuidar son las piezas: manos limpias y secas, nada de comida ni de bebida en la mesa, y las piezas únicas o frágiles se abren sobre la mesa y de una en una. Si alguna pieza no se puede tocar, se dice al empezar y se deja aparte.
Si la llevas a tu aula o a tu taller, cuéntalo en el grupo de la comunidad: qué piezas pusiste, qué vecinos funcionaron y qué frontera nadie encontró. Si mandas fotos, que sean de las piezas y de la mesa, y de personas solo con su permiso.
Esta cápsula de indagación abre una serie sobre cómo se hace una publicación de poesía y arte impreso, del primer vistazo a la defensa de la pieza. Es una cápsula de aula: nace de mi docencia en una escuela de arte y está pensada para llevarse a otra. Siguiente lectura: «¿Libro de artista o libro ilustrado? Por qué los confundimos y cómo diferenciarlos».
