Del archivo a la plancha: RIP, filmadora y CTP

Tienes la imagen lista en el ordenador. La plancha, en cambio, no sabe nada de píxeles: solo entiende de luz que llega o no llega. Entre las dos hay un paso que casi nunca se ve y que lo decide casi todo.

Esta entrada va de ese paso. De cómo una página se convierte en puntos, de cómo esos puntos se dibujan en una película y de cómo la industria dejó la película por el camino, mientras el taller de obra gráfica la sigue necesitando.

El RIP, el traductor

Un archivo describe una página: textos, imágenes, formas. Una máquina de imprimir, en cambio, solo sabe poner o no poner un punto en cada sitio. Quien traduce lo uno a lo otro es el RIP, de Raster Image Processor.

Eugenio Vega lo explica en sus apuntes: el RIP interpreta la página descrita —en PostScript entonces, en PDF hoy— y la convierte en un mapa de bits a la resolución de la máquina. Puede ir dentro del aparato, grabado en su memoria, lo que lo encarecía, o funcionar como un programa en un ordenador. José A. Fermín Gorosabel añade lo que importa para la trama: el RIP es el que calcula los puntos de trama, y la máquina solo los dibuja.

En tu impresora de inyección también hay un RIP, aunque no lo veas. Eduardo Zamarro recuerda que ahí el tramado lo hace el controlador de la impresora o un programa RIP. Cuántos grises puede dar cada máquina lo contamos en «Preparar el archivo».

La filmadora y el fotolito

Durante décadas, el puente entre el archivo y la plancha fue una película: el fotolito. Lo hacía la filmadora, un dispositivo de alta resolución que dibuja los puntos del RIP sobre película o papel. Gorosabel da su rango más común —de 1.200 a 3.600 ppp— y Vega añade que rara vez pasan del A2.

El fotolito se ponía sobre la plancha sensible y se insolaba. Donde la película es opaca, la luz no pasa; donde es transparente, sí. González Jiménez lo resume en la regla de siempre: opaco donde hay imagen, transparente donde no.

Lo que hay que pedir al encargar un fotolito

Si alguna vez encargas un fotolito a un servicio de preimpresión, Gorosabel deja una lista de lo que hay que decir:

  • Positivo o negativo. Negativo para un clisé en relieve; positivo para el hueco y para la serigrafía.
  • Sentido de lectura y cara de la emulsión. Para el offset se pide con la emulsión abajo y la imagen legible. Si la emulsión va arriba, se dice que está virada.
  • Lineatura y forma del punto.
  • Densidad. Va de 0 en lo transparente a 3 en lo más opaco.

Y un consejo suyo que ahorra disgustos: pide que filmen el nombre del archivo junto a las marcas. Así sabrás siempre cuál es la cara buena al insolar, que tiene que ir en contacto —emulsión con emulsión— con la plancha.

Del fotolito a la plancha directa: el CTP

El paso siguiente fue quitarse la película de en medio. Con el CTP —de computer to plate, del ordenador a la plancha— el archivo se graba directamente en la plancha, sin fotolito. El manual Recetas, en su edición española de 2011, ya lo describía con sus tipos de plancha.

Desde entonces el cambio ha ido más lejos. La verificación que hizo la UD 4 de la escuela recoge que en offset los fotolitos están prácticamente en desuso. Las planchas sin procesado, que en 2011 se describían como algo en desarrollo, son hoy corrientes: Kodak decía en 2024 que más de 6.000 imprentas usaban las suyas. Y en flexografía, la plancha de fotopolímero ya no se expone con un negativo, sino que se graba en digital, con un punto plano que llega a imprimir el 1 % a 200 líneas, según Fujifilm (2022).

Lo que ha cambiado

Si lees un manual de hace veinte años, vas a encontrar nombres que hoy significan otra cosa, o nada.

  • Del fotolito al archivo directo. La película ya no es el paso normal de la imprenta.
  • Del revelado a la plancha sin procesado.
  • De la flexografía con película a la flexografía digital.
  • El JDF no es el CIP3. El CIP3 era un formato para pasar datos de la preimpresión a la máquina, el PPF; el JDF es su sucesor, del consorcio CIP4, y desde 2018 lo sucede el XJDF.
  • Las máquinas digitales que describía Vega son historia, no estado actual: lo contamos en «Tóner e inyección».

Y una receta que ya no es la habitual. Gorosabel aconsejaba tramar en la filmadora, porque los fotolitos perfectos se habían vuelto asequibles. Para un taller de obra gráfica, hoy el camino suele ser otro.

En el taller: la impresora como filmadora

El taller de obra gráfica sigue necesitando la película, porque sus planchas —de fotopolímero, de serigrafía— se insolan con un positivo. Pero ya no hace falta una filmadora: basta una impresora de inyección y el film adecuado.

No vale cualquier transparencia. González Jiménez advierte que los acetatos pensados para láser no retienen bien la tinta de inyección, y que hace falta una película con capa receptora. Los datos de la casa recogen un film nanoporoso pensado para eso, compatible con impresoras de inyección y plotters, «sin filmadoras».

Hay un límite. La trama estocástica más fina sí pide una filmadora de alta resolución. La trama aleatoria pixelada, en cambio, sale en casa, con Photoshop y la impresora: la contamos en «La trama aleatoria pixelada».

¿Y la láser? Si la usas para un positivo, González Jiménez avisa de que el tóner hay que reforzarlo para que sea opaco a la luz ultravioleta.

La densidad del positivo

Lo que hace bueno un positivo no es que se vea negro, sino que no deje pasar la luz donde no debe. Nuestras cápsulas de fotopolímero piden una densidad óptica de 1,5 a 2,0 en las zonas de imagen, y de 0,01 a 0,15 en las transparentes. Por debajo de 1,5, el hueco se queda corto y los oscuros pierden profundidad; por encima de 0,15 en lo transparente, las luces se pierden en el revelado.

La calibración de nuestro taller afina esas cifras —con un positivo de 40 parches de gris, sus negros llegan a 2,00-2,15— y eso enseña algo: cada sistema se ajusta con pruebas propias, como recuerda González Jiménez. Las cifras de una insoladora no valen para otra. El método está en «El test de calibración».

Si el positivo va a una plancha de fotopolímero

La plancha también tiene sus riesgos. La ficha de seguridad de Toyobo para sus planchas Printight lleva la palabra «Danger»: puede perjudicar la fertilidad o dañar al feto, y daña el sistema nervioso central y el órgano óptico, también por exposición prolongada o repetida. En el taller usamos guantes de nitrilo y gafas desde que se quita el plástico protector hasta después de la exposición final, y la ficha pide además protección respiratoria adecuada y ropa impermeable. Por eso decimos grabado menos tóxico, nunca no tóxico.

Cómo se insola, se revela y se seca la plancha lo contamos en «La Gráfica Contemporánea: Fotopolímero y Convergencia Digital» y en «La insoladora IC-5000».

Para llevar al taller

  • Para insolar, imprime el positivo en un film para inyección, no en un acetato cualquiera.
  • Mide —o al menos mira a contraluz— que los negros no dejen pasar la luz.
  • Si encargas un fotolito, di positivo o negativo, la cara de la emulsión, la lineatura y la densidad.
  • Pide que filmen el nombre del archivo junto a las marcas.
  • Calibra con tu insoladora, tu film y tu plancha; las cifras de otro taller no te sirven tal cual.
  • Guantes y gafas desde que quitas el plástico de la plancha.

Para reflexionar

  • La industria ha quitado la película del camino. ¿Qué perdería tu taller si hiciera lo mismo, y qué ganaría?
  • ¿Sabes qué densidad tienen los negros de tus positivos? ¿Cómo lo averiguarías sin densitómetro?

Fuentes principales: Eugenio Vega, «Tecnología digital. 2. Procedimientos fotomecánicos», apuntes; José A. Fermín Gorosabel, «Fotograbado a la manera negra»; Eduardo Zamarro, La tecnología de inyección de tinta como herramienta para la práctica artística, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2007; Norberto González Jiménez, La transferencia de la imagen de mediotono impresa: posibilidades plásticas y creativas, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2007; Kaj Johansson, Peter Lundberg y Robert Ryberg, Manual de producción gráfica. Recetas, GG, 2011; cápsulas de fotopolímero de Bajo Presión.

Datos y fichas: Kodak, sobre las planchas sin procesado (2024); FTA (2019) y Fujifilm (2022), sobre la flexografía digital; CIP4, sobre el JDF y el XJDF; Toyobo, ficha de seguridad 374F (2014); verificación web de la UD 4 de 2.º EAS. Consultados en octubre y noviembre de 2026.